Salva Rubio es guionista y escritor. Ha escrito novelas gráficas como El Fotógrafo de Mauthausen, Monet, Nómada de la Luz o Django Mano de Fuego y trabaja para las más importantes editoriales de cómic europeas, como Dupuis, Glénat, Le Lombard o Delcourt. En cine su trabajo ha sido nominado al Goya a Mejor Largometraje de Animación; también ha publicado novela y ensayo cultural. Fue finalista del prestigiado premio SGAE Julio Alejandro, es miembro asociado del WGA (sindicato de guionistas americanos) y de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.
E. En tu producción de novelas gráficas la temática del Holocausto está muy presente ¿a qué se debe?
Salva. La respuesta más breve sería por militancia antifascista. Es decir, cada persona que tiene su ideología la pone de manifiesto día a día en sus elecciones, o debería ser así. Debe ser coherente con ello.
En mi caso, siendo guionista de cómic y guionista en general, muchas veces tengo que tratar temas que no tienen que ver con esto, pero siempre que puedo elegir, lo hago.
En mi caso, cuando tenía 19 años, a finales de los 90, tuve la oportunidad de visitar el campo de Buchenwald, y me creció la ideología en un día. Es decir, lo que vi allí, como tuve que asimilar lo que podía haber sido el Holocausto, las lecturas que tuve después… me hicieron pensar que si yo algún día me dedico a algo creativo o artístico, tengo que poner mi granito de arena para que algo así no se repita.
E. En algunos casos tus novelas gráficas son adaptaciones de otras obras, ¿hay algunas cuestiones que tengas en cuenta como punto de partida para realizar estas adaptaciones?
Salva. Bueno, en primer lugar, quisiera hacer una puntualización y es que El fotógrafo de Mauthausen no es una adaptación. Es un caso curioso. Yo escribí un guion de cine en 2008 que se llamaba El fotógrafo de Mauthausen, con muy mala puntería porque la crisis económica impidió que pudiera llevarse a cabo la película, y decidí adaptarlo al cómic. Y por las casualidades que tiene la vida la película y el cómic salieron casi a la vez, pero no tienen nada que ver uno con el otro.
En cuanto al tema de las adaptaciones, si te refieres más al trabajo con el autor, yo siempre tengo una conversación previa con ella. En ella trato de hacerles ver que la adaptación está en buenas manos y les pido libertad. Por otro lado, también les pregunto qué es lo más importante para ti en esta obra y cuál es el corazón emocional de esta obra. Y voy a respetar eso pase lo que pase. Suelen quedarse tranquilo, cumplo mi palabra y por ahora todo el mundo ha estado satisfecho.
E. Tus novelas gráficas son traducidas a varios idiomas, ¿percibes que este tipo de obras se reciben de forma diferente en España con respecto a otros países?
Salva. Yo soy autor de cómic, y la industria del cómic en España es muy precaria. Simplemente porque no hay suficientes lectores, es decir, las ventas medias de un cómic que va bien aquí son unos 1.500 ejemplares y con eso no llegas a nada, no consigues los suficientes royalties o derechos para que aquello realmente te permita vivir.
Nos vamos a Francia, somos muchos los españoles que vamos allí para tener contratos más ventajosos, anticipos que nos permitan vivir y dedicarnos profesionalmente a esto. Y te pongo ejemplo muy claro, es decir, primero, el Holocausto en Francia se enseña en las escuelas, de forma bastante concienzuda.
Ellos tienen lo que llaman el deboir de mémoire, que es más o menos nuestra memoria histórica. La memoria histórica es un sustantivo y un adjetivo, es un concepto. El deboir de mémoire quiere decir el deber de recordar, es un verbo, requiere una acción. Y lo llevan los profesores y se lo transmiten a los alumnos, dan por hecho que, si recordamos, tendremos presente lo que puede volver a ocurrir.
Y de una forma mucho más concreta, el publicar allí el fotógrafo de Mathaussen fue algo muy emocionante, porque cuando fairmábamos en el sur de Francia, nos encontrábamos que venían descendientes de deportados, gente cuyo abuelo, cuyo padre habían estado en Matausen, o en algún otro campo, en algún otro caso. Y nos decían, gracias por ayudarnos a entender lo que le pasó a mi padre o a mi abuelo, porque muchos de ellos contaban cosas que la familia no les creía, y eso es un fenómeno muy común. ¿Cómo va a ocurrir eso abuelo? Es una exageración, nadie es tan malo.
O simplemente no querían volver a hablar de lo que habían visto. Y crecían en un silencio, que lo tenían muy guardado y eso es malo también. Pero muchos hijos, nietos, venían y nos decían, ahora he entendido lo que vivió mi padre y eso para nosotros es la recompensa a nuestro trabajo.
E. ¿Cómo valoras el uso de la ficción como fuente para conocer el Holocausto?
Salva. Yo creo que de alguna manera tenemos suerte de que todavía se vaya recordando, han transcurrido 80 años. Es mucho tiempo y corremos el riesgo de que el relato se pierda y de que parezca que eso es como las Batallas Napoleónicas, que es algo de otro siglo, literalmente lo es. Aunque sea con la ficción, es importante que la gente siga sabiendo qué ocurrió, recordándolo y descubriéndolo.
Una de las grandes satisfacciones de El fotógrafo de Mauthausen fue que mucha gente vinculó España y el Holocausto, aunque fuera en lo que podríamos llamar Holocausto español, es decir, que miles de españoles estuvieron en un campo de concentración y fueron igualmente asesinados. Para mucha gente de España no había relación, podían pensar en la División Azul, pero no había una conciencia de españoles víctimas del Tercer Reich. Y a partir de aquí nos hemos dado cuenta de que esto también va de nosotros.
Y con los compañeros que hicieron la película o con nosotros con el cómic, si hemos creado un poquito más de conciencia, y ya creo que hemos hecho bien nuestro trabajo. Entonces, pasará el tiempo, es difícil que los chavales lean ensayo, es difícil que muchas personas vean documentales clásicos, ¿no? De Resnais o alguna cosa por el estilo. Vale, pues si entran a través de las películas, entran a través del cine, quizá les abra una puerta al interés y a la difusión. A hablar de ello a amigos, familiares y a concienciarse.
E. ¿Puede ser que la temática del Holocausto acerque a los jóvenes a la novela gráfica?
Salva. Aquí puedo responder también con concreción. La bibliotecaria de Auschwitz, adaptación de la novela de Antonio Iturbe, en España tiene unas ventas moderadas, satisfactorias pero moderadas. Pero en Francia ha sido un éxito, ha habido 20.000 ejemplares a día de hoy, seguramente habrá vendido más ahora que digo esto. Los editores están muy contentos. Creemos que es porque habla de algo que los alumnos conocen, porque se lo han explicado en clase, pero les hacía falta personalizarlo.
Es decir, una cosa es un ensayo donde tú realmente como lector estás aprendiendo, pero son datos, y otra cosa es una obra de semificiones, de hecho, este caso está basado en hechos reales pero Antonio hizo una obra a partir de ello, pero tienes un personaje con el que empatizar. Y es muy distinto que te den datos a vivirlo tú a través de un avatar, a través de un personaje, que en este caso era una niña de unos 12-13 años, y este cómic se compraba entre niñas de esa edad.
Es decir, niñas que querían concienciarse, que tenían interés o curiosidad por esa historia, veían a un personaje que era como ellas, y sentían esa curiosidad lógica del ser humano, ¿qué hubiera hecho yo? Al leer eso, luego hemos dado alguna charla en colegios y tal, estaban muy emocionadas, porque de aprender a vivirlo, aunque sea en distancia, hacía mucho.
Entonces, claro, en España yo me pregunto, si tuviéramos una enseñanza de la Shoá mucho más amplia en los institutos, ¿conseguiríamos que hubiera más interés? Creo que sí, pero eso ya es algo que a lo mejor son los legisladores y los ministros los que los tienen que decir.
E. ¿Crees que una serialización de las novelas gráficas sobre Holocausto puede llegar a saturar el mercado?
Salva. Lo de serialización no sé muy bien cómo interpretarlo, porque en mi mundo serializar es hacer una serie. No sé si se refiere más a que se publica demasiado. No, serie es hasta donde yo sé no hay, también porque el mercado ahora no es favorable a ello.
Antiguamente teníamos Tintín, Asterix, series largas, amplias, ese fenómeno ya no existe, por lo menos en Francia, como mucho puede sacar trípticos de tres volúmenes. Pero claro, entiendo el debate moral, entiendo el debate de que podemos llegar a banalizarlo, puede llegar a haber demasiadas publicaciones. Mi punto de vista es, vamos a correr el riesgo, porque si me das a elegir entre dejemos de hablar de ello porque se habla demasiado, bueno, no estamos haciéndonos un favor, perdemos el discurso y la extrema derecha puede sustituir nuestro discurso por el suyo, dado que se ha olvidado aquello.
Entonces, entiendo los prejuicios morales que puedan tener las personas, los considero válidos, puede banalizarse en algunos casos, por supuesto, puede haber demasiados libros que se llaman “el” puntos suspensivos “de Auschwitz”, pero insisto, si el resultado es que seguimos contando la historia y la gente sigue entendiendo lo que ocurrió, prefiero correr ese riesgo que el de abandonar el discurso.
E. ¿Cuál es tu opinión acerca de la percepción que existe en la sociedad española acerca del Holocausto como hecho histórico?
Salva. Creo que existe una noción general del Holocausto que parte principalmente de las obras de ficción o de adaptación de hechos reales (cine, cómic, novelas) que el público ha leído. Mi impresión es que saben a grandes rasgos lo ocurrido, pero no hay un conocimiento profundo de los hechos porque, hasta donde yo sé, no forma parte significativa del curriculo educativo.
Esto supone que la mayor parte de las narrativas sobre el holocausto que el público recibe parten de la ficción o adaptación cinematográfica de hechos reales (especialmente desde el punto de vista hollywoodiense/norteamericano) y sería deseable que hubiese, como en cualquier manifestación cultural, mayor diversidad al respecto.
E. ¿Crees que puede haber un conocimiento mejor y una mayor conciencia sobre las causas que llevaron a ese hecho? De ser así, ¿cuál crees que podría ser la mejor vía? ¿La ficción literaria, el ensayo, el cine, la novela gráfica?
Salva. La mejor manera, posiblemente inviable, sería multiplicar los viajes estudiantiles a Auschwitz, Mauthausen, Buchenwald u otros campos de concentración para poder dotar a los visitantes de la experiencia más clara y cercana posible. Lo digo en primera persona: visité Buchenwald a finales de los 90 y esa experiencia hizo más por mi concienciación y posicionamiento ideológico y humanitario de lo que lo haría cualquier libro o película.
Si no existe esta posibilidad, la segunda, posiblemente también complicada, sería el añadido al currículo educativo de temas que expliquen a los alumnos el Holocausto en profundidad y que les hagan reflexionar tanto sobre lo ocurrido sobre como la necesidad de que no vuelva a pasar. Mi experiencia personal es que en Francia, país donde publico la mayor parte de mi obra, hay una concienciación mucho mayor en el medio educativo, lo que deriva en más curiosidad y conciencia sobre la Shoah.
Finalmente, tenemos el arte popular: cine, cómic, novela, que son sin duda útiles para ayudar a la comprensión del Holocausto. De nuevo, a partir de mi experiencia: cuando hacíamos sesiones de firmas en Francia (especialmente en el sur) venían personas emocionadas a dichos actos comentándonos que eran descendientes de deportados y que gracias a nuestro cómic habían entendido mejor la experiencia de sus padres y abuelos.
E. ¿Cómo es el proceso de elaboración de tus novelas gráficas? En el caso de las adaptaciones de otras obras, ¿hay un diálogo con el autor de la obra original?
Salva. En general, comienzo con una idea general a la que le veo posibilidades narrativas, especialmente si aún no es muy conocida por el gran público. Tras investigar y confirmar el interés, elaboro un dosier y busco un dibujante adecuado con el que realizar algunas páginas de muestra. Con este material en la mano, acudimos a editores franceses para ofrecerles la obra; si su respuesta es positiva, comienza para mi la parte de documentación. En ella leo todo lo que encuentre relativo al tema a tratar, para lograr una narrativa lo más cercana posible a los hechos documentados. Tras ello, desarrollo personajes, temas y estructuras y escribo el guion. Con él, el dibujante comienza a trabajar, dividiendo generalmente su proceso de elaboración en bocetos, tinta y color. Tras ello, solo queda publicarlo.
Sobre las adaptaciones literarias, en todos los casos ha habido un diálogo inicial con el autor, en el que discutimos la novela y sus posibilidades gráficas. En ese diálogo es importante que entiendan, por ejemplo, que la adaptación de una novela de 500 páginas a un cómic de 120 tendré que prescindir de muchas tramas, personajes, etc., y les pido libertad para realizar mi trabajo. En esa misma conversación suelo preguntarles qué es lo más importante para ellos de la obra, es decir, cuál sienten que es su núcleo emocional y les manifiesto mi intención de respetarlo sin importar las necesidades de la adaptación. Por lo general, se quedan tranquilos tras esa conversación y, no hay más contacto con ellos hasta la entrega del cómic. En todos los casos han estado satisfechos con la adaptación final.
E. En las traducciones que se realizan de tus obras, ¿hay conceptos relacionados con el Holocausto que tienes que adaptar o modificar con respecto a la versión en español?
Salva. En general no es necesario adaptar nada, quizá porque una de las características de mis cómics es que realizo lo que los franceses llaman un “cahier” o cuaderno final, un anexo al cómic en el que explico en prosa factores como el contexto histórico de la historia narrada o las divergencias entre historia y ficción derivadas de la necesidad de adaptar ciertas partes, etc. Por tanto, creo que cualquier duda que pueda surgir en cuanto a dichos conceptos quedará resuelta en ese anexo.
Sí que me ha ocurrido, por otro lado, que al realizar la traducción de la obra al inglés (en su versión para EEUU) la editorial cambió por su cuenta algún elemento gráfico, en concreto, en la escena en que Fredy Hirsch y un kapo se besan, el brazalete con la estrella de David del último fue sustituido por un triángulo rosa, sin que la editorial norteamericana diera explicaciones al respecto.
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