Esther Bendahan Cohen se doctoró en Filología francesa con la tesis El otro en la obra del Albert Cohen (2015). Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense, es escritora y actualmente la directora de Cultura del Centro Sefarad-Israel. Es autora, entre otros, de Soñar con Hispania (Editorial Tantín, 2000), Deshojando Alcachofas (Editorial Seix Barral, 2005), por el que fue Premio Fnac en la categoría de autor revelación; Déjalo, ya volveremos (Editorial Seix Barral, 2006) y más recientemente Escucha el silencio (Nagrela, 2024)
E. ¿Qué nos cuenta tu novela "Escucha el silencio"?
Esther. Escucha el silencio utiliza la novela negra para contar una historia de búsqueda del pasado. Una mujer que de niña con su hermano pasa la frontera española y pasa por una pequeña aldea de Galicia y llega hasta Uruguay, donde desarrolla toda su vida. Ella quiere descubrir quiénes son las personas que en ese tránsito le ayudaron cuando estuvo en esa aldea y para eso empieza a buscar un pueblo que ha desaparecido.
Es su nieta la encargada de volver a ese lugar, una vez que han encontrado cómo se llama ahora el pueblo, y hablar con la persona en cuestión, porque el objetivo es recuperar la memoria de aquellos que pudieron salvar a otros.
Entonces ellos lo que quieren es convertir en justos de la humanidad a las personas qu les ayudaron.
E. ¿Qué crees que puede significar para un superviviente del Holocausto la búsqueda de las personas que lo salvaron?
Esther.Yo creo que hay allí una especie de diálogo del tiempo y de agradecimiento. Es importante saber que las personas, por lo menos con las que yo he podido hablar y con
los testimonios que hemos escuchado durante muchos años dentro del Centro Sefarad-Israel y en Yad Vashem, cuandoasalían de los campos de concentración no tenían un sentimiento de venganza.
De hecho, en Polonia pensando que sí lo tenían, masacraron a muchos que acababan de salir, o sea, de supervivientes. Esto quiere decir que a las personas supervivientes no les llenaba la sensación de haber vivido con odio, sino simplemente les salvó la esperanza en sobrevivir y luego más tarde lo que deseaban eran agradecer y en ese agradecimiento dar ejemplo de que en las situaciones en las que uno vive se puede ayudar a pesar de todo lo que de las circunstancias.
Es decir, lo importante es agradecer y dar ejemplo de las posibilidades que uno tiene frente al mal.
E. ¿Qué valor tiene el testimonio de un superviviente para que en España se pueda entender lo que ocurrió durante el Holocausto?
Esther. Bueno sobre el testimonio, como dice Agan Ben y también otros muchos, la verdadera víctima de la Shoa no puede testimoniar porque es imposible testimoniar del horror, pero yo creo que lo más importante es que la época de la Shoa nos ha dejado también la época del testigo y el testimonio es una parte, un aspecto de una verdad mucho más amplia pero que es necesario escuchar.
Cada uno de ellos aporta algo totalmente diferente y necesario. Entre todos, pueden construir una historia más cercana, aunque es imposible de saber exactamente cómo sucedió. Pero es una historia mucho más cercana a la verdad, que es lo que se busca a través del testimonio.
Pero además tiene un efecto gratificante para que el que puede emitir su testimonio es sanador. Por un lado, es una verdad que se transmite, y por otro lado, a la víctima le puede producir un efecto sanador que también me parece fundamental para curar las heridas y el trauma. Porque es importante saber que las víctimas de la Shoa no solamente son víctimas ellos, sino también su segunda y la tercera generación.
En la medida que han podido hablar y hacer ese cargo del testimonio de su familiar, eso puede construir luego un espacio de sanación.
E. La protagonista del libro es una persona con discapacidad y parece inevitable pensar en las personas que durante al Shoá fueron asesinados por su discapacidad ¿Tu novela nos ofrece algún mensaje a ese respecto?
Esther. Bueno, en realidad las novelas funcionan a veces como entes vitales e independientes de la voluntad del propio escritor.
Es verdad que hubo víctimas que podían tener algún tipo de patología. En este caso surgió el personaje de una manera natural. Me interesaba mucho el mundo de los no oyentes por libros que había leído, como el de Sacks, “Veo una voz”. Me pareció un mundo muy interesante, que tenía sus propias reglas y sus propias claves. Y quise trabajar con un personaje que, además, podía representar una forma de entender diferente. La relación que tiene la nieta con la abuela es distinta y mucho más próxima que la madre con la hija. Y eso se da en muchos supervivientes. La idea de la tercera generación era importante porque es la que puede a la vez convertirse en testigo de la historia familiar.
Y en el caso de la palabra “escucha” tiene que ver con Israel. “Escucha Israel” es una de las oraciones más importantes que se dicen a lo largo de toda la historia judía. Entonces yo hice referencia al deseo de escuchar, y a la imposibilidad muchas veces de escuchar, a la necesidad de transmitir el testimonio.
En el caso de Mira, que es la protagonista, ella tiene problemas de audición, pero sí puede escuchar algo y utiliza la lengua de signos. Y me parece también importante que personajes diferentes, a lo que se puede llamar normalidad, puedan ser actores de algo que no sea su propia condición, porque mucha gente ve allí un intento diferente de trabajar con un personaje, que para mí es un personaje más, a pesar de que tiene ese problema de audición.
Entonces, he querido normalizar también las situaciones de personas que tienen deficiencias en algún campo. Uno de mis personajes, de una novela que estoy terminando, tiene un problema de movilidad, pero no es lo esencial de la novela, pero forma parte de la característica del personaje.
E. ¿Crees que los jóvenes españoles conocen bien la historia del Holocausto?
Esther. Mi opinión es que hay como una fractura muy fuerte entre lo que comunicamos y entre lo que consigues que sea emoción. Y en ese sentido, se ha hecho un trabajo en España impresionante, en cuanto a la transmisión.
Hay grandes proyectos de educación educativos, universitarios, ayuntamientos en los que se celebra el día del Holocausto. Hay una serie de didácticas de profesores que han viajado y que han trabajado en Yad Vashem y que han hecho un verdadero esfuerzo. Es decir, en el terreno institucional y académico se ha hecho un verdadero esfuerzo y se ha estado a un nivel europeo y sobre todo si tenemos en cuenta que hablamos de un país que no ha tenido una implicación directa en el Holocausto, salvo los temas fronterizos, las cuotas de entrada a salida o algún lugar de refugiados.
Sin embargo, sí creo que hay una fractura emocional a la hora de la interpretación y de la emoción en el tema por los jóvenes y no sé exactamente a qué se debe. Si es que el mensaje no llega o la dificultad de empatizar con historias de las que ya han pasado 40 a 50 años y que se puedan ver como algo muy cercano.
Porque lo que no se hace es un trasvase de esa experiencia y de ese conocimiento a la actualidad del judío y del judaísmo y entonces a veces pueden haber oído un testimonio de un superviviente y sin embargo ser muy fríos a la hora de escuchar la persecución que puedan estar recibiendo jóvenes en sus propias universidades por ser judíos.
E. ¿Qué responsabilidad sientes como escritora judía al acercarte a un tema como el Holocausto?
Esther. En realidad, va más allá de hecho de ser judía o no, porque además creo que esto es una responsabilidad europea e universal. Pero, el tema es que, cuando una escucha las historias del Holocausto, y eres judío, sabes dónde hubieras estado en ese historia. No te puedes preguntar yo qué hubiera hecho. Sí puedes preguntarte cómo hubiera podido sobrevivir, o si hubiera escapado.
Tuve una conversación terrible con un compañero, precisamente de la escuela de letras, que, en una ocasión, estando mis hijos y un amiguito de ellos, de pronto, los ve jugar y dice “Ah, ese sí se hubiera podido escapar”. Y claro yo sentí un escalofrío.
Porque ahí, sí, sabes dónde hubieras estado, dónde hubieran estado tus hijos, y entras en una especie de temor e temblor, porque no sabes cómo hubieras podido vivir.
Como escritora yo soy muy cuidadosa cuando se trata de hablar como un testigo. De hecho, tengo una obra teatral sobre Violeta Friedman y lo que hice en esa obra es jugar con la propia obra teatral de forma que es la actriz la que tiene que representar un obra sobre Violeta Friedman. Porque hay elementos dentro del discurso de un testigo que me parecen que los puedo pervertir si los hago literariamente. Por eso he preferido en todo momento tocar el tema de otro modo.
En este caso, la forma de tratar el tema es desde a tercera generación, desde algo muy novelesco, con lo que entras perfectamente en la idea de que es una novela pero a través de la búsqueda del justo de la humanidad, que me parece importante siempre como ejemplo para las siguientes generaciones. Porque si algo yo quiero transmitir a las próximas generaciones no es todo lo que se sufrió, porque sí he visto jóvenes que son sensibles y otros que mientras juegan con el móvil, pero sí transmitirles la idea de la ejemplaridad. Y de que ellos también pueden ser esos superhéroes que ayudaron a gente a salvarse.
E. ¿Crees que en España la percepción de la identidad judía está muy ligada al Holocausto?
Esther. No, yo creo que en España la identidad judía en los que tienen cierto conocimiento, está más asociada a la idea de Sefarad, al sefardismo, y no tanto a la idea del Holocausto, aunque sí les interesa.
Lo que sí se demuestra es que el tema del Holocausto suscita dentro del mundo judío tanto en España como fuera mucho más interés que otros temas. La prueba está en que cuando hemos traído supervivientes los aforos se completan enseguida. Suscita mucho interés el tema del Holocausto, y a nivel literario, a nivel cinematográfico, pero cuando hablan de judaísmo es asociado, yo creo que más al mundo Sefarad
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