Ana Frank es, sin lugar a duda, la víctima más conocida de entre los seis millones de judíos exterminados a manos de los nazis. Es más, gracias a su famoso diario, escrito en clandestinidad cuando su autora tenía tan solo 13 años, su figura existe en el imaginario colectivo como símbolo del Holocausto. Son varias las razones que se pueden esgrimir para explicar lo que David Barnouw ha denominado “The Phenomenon of Anne Frank” (2018), entre ellas que las entradas que componen su diario construyen una mirada única sobre los detalles íntimos de los dos años y medio que Ana Frank y su familia tuvieron que pasar escondidos de los nazis en un ático en Ámsterdam (Holanda). Llega un punto de esa narración personal en la que la historia queda, eso sí, interrumpida, de modo que el lector no tiene acceso al trágico final que Ana Frank halló en el campo de concentración de Bergen-Belsen, a donde la joven fue deportada cuando la Gestapo irrumpió en el ático.
El hecho de ser un relato inconcluso lo hace si cabe más conmovedor. Al gran valor histórico intrínseco a cualquier testimonio directo, en este caso hay que añadir que firma la narración una adolescente y conecta, por ello, con un público muy amplio. La traducción también ha desempeñado un papel crucial a la hora de multiplicar su capacidad de trascender; en este caso, barreras culturales. De hecho, según los estudios más recientes (Nerds 2024), el diario cuenta en la actualidad con traducciones a más de 70 idiomas.
Al margen de su gran difusión, es su accesibilidad lo que ha convertido al diario en una poderosa herramienta para educar sobre el Holocausto, en particular, y para prevenir el odio y la discriminación, en general. Pero esa misma accesibilidad es a la vez la responsable de que el diario se haya reescrito y reinterpretado de formas diversas, a veces ajenas a las de la historia de persecución judía. Y es que, en nombre del espíritu luchador que Ana Frank demostró ante el sinsentido genocida, han proliferado creaciones que utilizan su historia de encierro para poner el acento en la capacidad resiliente del ser humano, pero algunas se alejan de la experiencia real que vivieron los Frank y los otros escondidos en la calle Prinsengracht 263.
La historia de reescritura comenzó, como ha quedado ya suficientemente acreditado, con el padre de Ana Frank, Otto Frank, quien se encargó de editar el manuscrito. Desde entonces, han sido muchas las intervenciones que han contribuido a hacer de Ana Frank un constructo, ya sea por la inevitable manipulación que supone cualquier traducción ya sea por la intervención aun mayor a la que se prestan las adaptaciones. Como las traducciones, estas también son numerosísimas y surgieron en cuestión de poco tiempo: en 1955 apareció la famosa adaptación teatral de Albert Hackett y Frances Goodrich y en 1959 George Stevens llevó la historia a la gran pantalla. Si pensamos que hasta la fecha los autores del Catálogo HORES hemos identificado más de 400 obras de autoría española que guardan relación con el Holocausto era de esperar que el diario de Ana Frank, dada su repercusión, hubiera dejado huella. Y así ha sido.
Desde la escena creativa española, ha habido dos acercamientos al diario. En los dos casos se trata de obras innovadoras a la par que controvertidas: un musical, Diario de Ana Frank. Un canto a la vida (Alvero 2007), y un espectáculo de danza flamenca, El encierro (Juncal 2014).
Sin entrar a valorar la contribución artística de las obras (se pueden escuchar aquí algunas de las canciones del musical y existe, por otro lado, un vídeo promocional del espectáculo flamenco), sí que me gustaría reflexionar brevemente sobre la manera en que ambas creaciones han servido para continuar la historia de remediación que acompaña al diario desde su publicación en 1947 con el título de Het Achterhuis, cuya primera traducción en España, Las habitaciones de atrás, apareció en 1955. Ambas obras refuerzan la narrativa de supervivencia, lo que supone desplazar el foco de lo que significó el Holocausto: el exterminio de seis millones de judíos a manos de los nazis. En el caso del musical esa imagen resiliente emerge con fuerza en el propio título, que se anuncia como una oda en nombre de la vida. En cuanto a la propuesta de Juncal, el medio de expresión elegido, un intangible cultural asociado con el pueblo gitano y que, por lo tanto, apela a la memoria no solo del pueblo judío sino también la de los roma y los sinti amplía la historia de encierro para incluir a un grupo ajeno a aquel en nombre del cual Ana Frank escribió su diario. No quisiera negar la buena voluntad, pero hay que tener en cuenta que con esta interpretación se dice más de lo que dijo la autora del texto original. Y eso en sí es problemático porque constituye un acto de apropiación.
Referencias
- Alvero, Rafael. 2008. Diario de Ana Frank. Un canto a la vida. Spain.
- Barnouw, David. 2018. The Phenomenon of Anne Frank. Indiana: Indiana UP.
- Frank, Anne. 1947. Het Achterhuis. Ámsterdam: Contact.
- Frank, Ana. 1955. Las habitaciones de atrás, trans. Isabel Iglesias Barba. Barcelona: Garbo.
- Goodrich, Frances and Albert Hackett.1955. The Diary of Anne Frank. United States.
- History Nerds. 2024. Anne Frank.
- Juncal, María. 2014. El encierro. Spain.
- Stevens, George. 1959. The Diary of a Young Girl. United States.
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