José Miguel Utande es escultor. Su obra, marcada por la memoria, la identidad y el compromiso, ha estado presente en numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas. En esta entrevista conversamos con él sobre su trayectoria, su visión artística y su vinculación con el Holocausto como fuente de reflexión y creación. Entre sus obras más reconocidas se encuentra el Monumento a las víctimas de Mauthausen de Madrid.
E. ¿Cómo recibiste el encargo de realizar el Monumento a las víctimas de Mauthausen de Madrid?
José Miguel. Bueno, a través de Mathaussen Amical, recibí un encargo porque se había logrado por unanimidad en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid, creo que fue el año 2017, cosa que me sorprendió que fuera por unanimidad, erijir este monumento a los madrileños muertos en los campos de concentración nazi y en concreto en Mathausen. Concha Berzosa contactó conmigo, yo conocía algún familiar suyo porque habíamos sido compañeros de colegio y en cuanto me lo propuso, dejé todo lo que tenía y me dediqué a esto.
Personalmente y artísticamente, ha sido una labor dura para mí, pero también ha sido duro administrativamente poder llegar a su finalización, porque entre medias nos pilló la pandemia, una crisis, una forma de acaparar todos los metales y todos los elementos productivos que tuvimos que sufrir. Y en el desarrollo de esas circunstancias surgió este monumento.
E. ¿Cómo afrontaste el proceso creativo de este monumento?
José Miguel. Cuando recibí este encargo me quedé sobrecogido, o sea fue estupor y sobrecogimiento a la vez. Primero porque tenía una información vasta, grande, en todas las direcciones, bueno sobre todo en una, la única que puede existir. Tenía muchísima información.
Entonces lo que quise es apartarme de todo lo que había, porque cuando intenté documentarme sufrí un desgarro moral y personal tan importante que me dejó un poco tocado, desconfiando un poco del ser humano, cantando su fracaso como especie y que creo que no convenía a nadie en este tiempo que vivimos mandar ese mensaje de tristeza y abatimiento.
Entonces no quise ver nada de lo que había y por supuesto lo último que me podía plantear era aportar algo nuevo a este tipo de actitud artística, porque hubiera sido una humillación para todas estas gentes que sufrieron, que padecieron la máxima humillación. Que yo intente cuarenta y tantos años después intentara hacer algo nuevo, diferente, me parecía una falta de respeto.
Asimismo, no quise que figurara el agresor por ninguna parte, que se viera su horror pero no al agresor, que se viera el crimen pero no al criminal, para evitar polarizar la situación que ahora vemos que se está reproduciendo.
E. ¿Qué referencias tomaste para crear este monumento?
José Miguel. De todas las informaciones que tenía, múltiples, muchísimas, solamente me quise guiar por las que al recibirlas emocionalmente me causaron una inquietud moral, personal e incluso ética.
No he querido intelectualizar, he querido seguir lo que creo que un artista debe seguir, su inteligencia emotiva y el primer recuerdo que tengo, que me conmovió y me emocionó, fue la primera vez que iba a París -iba como turista, luego después viví unos cuantos años allí haciendo mi obra- pero yendo como turista, fue el Memorial de los mártires franceses detrás de Notre-Dame.
Vas viendo la belleza del maravilloso Museo de los Impresionistas y, de pronto, llegas a Notre-Dame, y mira esto, el Museo de los Mártires, entras y esa sensación de que el mundo te va a desgarrar, que entras por esas fauces…
Ya los herrajes son agresivos, los hierros, las letras, todo es agresivo, demuestra el terror, que me dejó paralizado. Y luego todas esas lucecitas, tan minimalista, pero a la vez tan brutalmente expresivo. Pensabas que cada luz es un alma.
Volví de París con una desolación increíble, luego ya poco a poco me fui recuperando. Y otra de las imágenes que me han impactado son las dos puertas, tanto la de Mauthausen como la de Auschwitz. Esa neblina que se ve siempre en Auschwitz, y el escape hacia la alegría de ir derribando el símbolo nazi en la puerta de Mauthausen. Las dos se me quedaron incrustados en el alma y no los he podido quitar.
De hecho, para esta escultura diseñé un proyecto de ruidos, lo que escuchamos cuando va entrando un tren, nada en concreto, un ruido brusco, metálico, oxidante y muy tenue a la vez.
Y la otra imagen de la puerta de Mauthausen coincide con una serie de esculturas que hice yo para explicar que con esto se acaba y empieza otra época.
Yo había hecho antes la puerta del mar, la puerta de los océanos, la puerta de nuestros días, la puerta de la libertad…. volqué todo lo que era errar, la algarabía, dolor y la dejé abierta con algo que apuntara al infinito y luego ya solo hubo que hacer el detalle del tamaño para ajustarla a la plaza, para que estuviera en consonancia con los edificios históricos que hay a su alrededor.
E. ¿Es esta escultura por tanto una representación de esas dos puertas?
José Miguel. Cuando he hecho la escultura, no me he podido borrar la imagen de las dos puertas. Pero sobre todo la de Mauthausen, con el cartel de la liberación de los presos antifranquistas. Porque claro, además, sientes que cuatro personas a mano descubierta, solamente con sus ideologías, son capaces de derrotar al ejército más importante de aquella época, ya también es sobrecogedor.
Salen casi cosas neuronacionalistas, que tienes que tener mucho cuidado como las digieres. Pero me impresionan mucho, vienen de una guerra, se van a otra guerra, los entregan malamente a la Gestapo.
Pero la idea de la puerta es esa, la puerta de la libertad, siempre que haya un camino hacia la libertad.
E. ¿Qué respuesta ha obtenido por parte de los descendientes de las víctimas?
José Miguel. Pues en general ha sido muy buena. La verdad es que ha sido todas esas enhorabuenas que yo he rechazado, porque no era a mí al que correspondía dar esa enhorabuena.
E. ¿A qué corresponde la elección del color de las esculturas?
José Miguel. Sobre el color, yo hubiera preferido hacerlo en bronce, por lo menos parte, pero la puerta de la libertad iba a ir en acero sí o sí.
Pero quizá los árboles de los sueños y todo esto, pudiera ir en bronce porque puedo manejar diferentes pátinas, diferentes colores.
La crisis de los materiales evitó que las planchas, las placas de bronce estuvieran en el mercado. De hecho te daré un dato que muy pocos conocen, el acero con el que está hecho vino de Ucrania, meses antes de que empezara la guerra.
Porque todo el (material) indio, paquistaní, europeo estaba siendo recepcionado por los especuladores, y tuve que pelearme amarga y duramente y enérgicamente.
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